Nos hemos dicho...
  
Nos hemos dichos muchas veces los te quiero, los te amo, los te necesito requeridos para sostener nuestra relación, pero ahora sentimos que necesitamos más palabras, más conceptos para enlazarnos mutuamente y se nos ocurren frases ingeniosas, frases nuevas sin dejar de recurrir a las frases trilladas; me dices acertadamente que aunque todo suene a lo ya dicho, a telenovela, a cuento rosa éste… éste es nuestro cuento y decimos lo que sea para convencernos de que nos pertenecemos porque al final de cuentas es eso, una pertenencia emocional la que tenemos el uno del otro, la parte tangible, la física esta cerrándose paulatinamente también.

Hablamos de príncipes azules y princesas rosas, de reyes y reinas con decenas de palabras, navegando del un lado al otro, nuevas frases amorosas que parten de tu corazón hacía el mío o que surcan del mío hacía el tuyo.

Pienso en las cosas que nos decimos y en la furia que ponemos al decirlas para que lleguen con más fuerza al destinatario lo que ocasiona que continuamente nuestro ingenio emocional crezca.

De repente surge una frase tan llena de ti como aquella que me mandaste que dice

“Nunca sabes lo que la vida nos depara a la vuelta de cada esquina, pero quisiera que en cada una de mis esquinas siempre estés tu”

y te contesto de vuelta

“Necesito respirar el aire que tú exhalas para poder oler a ti y la gente sepa identificar mi pertenencia a alguien”

y nuevamente repetimos el ciclo una y otra vez, tu lanzando golpes sentimentales y yo devolviéndotelos, como cuando niños jugábamos a lanzarnos lodo de un lado a otro, reímos, nos complacemos, nos sentimos y al final te quedas seria y me dices el ya muy conocido “Te amo” pero dicho de aquella forma desconocida por todo el mundo y que solamente alguien con tu profundidad puede conocer y expresarlo de una forma original, de la forma como se tienen que verter semejantes frases y haces que me quede callado porque no se como replicar a semejante mensaje, a semejante sentimiento lanzado desde el interior de ti, desde tu vientre, desde esa sangre circulando por tu corazón y desde esos pensamientos que circulan por mente, nacido en tu creencia en la gente y alimentado en tu experiencia en la vida.

Un “te amo” dicho con y sin palabras al mismo tiempo, para no ser solo escuchado con los oídos sino con la mente, el alma y el corazón simultáneamente. Para ser no sólo sentido por la blanda espuma amorosa que conforman mis sentimientos sino también por aquellos sentidos que requieren conocer tu piel.

Esas dos palabras dichas con tal sentimiento que no solamente se pronuncian sino se construyen desde adentro para ser desplegadas en el interior del receptor de semejante sensación, en cuyo caso, es mi ser.

Me quedo mudo y no sé como replicarte, sólo de aquella forma que tú entiendes perfectamente y es cuando los ojos se te comienzan a llenar de un líquido salado que conocemos, una sonrisa aparece en mi rostro, tímida al principio pero plena al final. El ritmo de mi respiración cambia, se hace más profunda, el pecho se llena no de aire sino de los sentimientos que respaldan esas dos palabras lanzadas por ti. Mis fosas nasales se ensanchan para jalar más aire y poder replicarte a la altura pero no puedo, siempre me ganas en el intercambio de palabras amorosas por la forma en como cierras nuestras conversaciones, nuestros correos o nuestras llamadas.

Al día siguiente empezamos nuevamente nuestro juego, lanzas un “te adoro” y yo te contesto un “te admiro”. Me preguntas acerca del cómo es posible que sienta eso por ti y comienzo mis largas explicaciones de una admiración apuntalada por cada una de tus virtudes y emociones, me replicas que “me quieres” y te lanzo otra frase acuñada al aire para ti y tu me contestas con otra para mi para que después de minutos que se nos hacen segundos, cierres ahora con un “te necesito” que hace que me sienta como con el “te amo” de ayer, mudo y con nudos no sólo en la garganta sino en mi estómago, en mi mente en mi corazón, no pasan más de dos segundos para darme cuenta que no son nudos sino las mariposas que viven dentro de nosotros y que están abriendo sus alas para empezar a moverlas con cualquier otra palabra que salga de ti y así es, rematas diciendo que eres feliz, entonces todas las mariposas empiezan a aletear una y otra vez.

Esto sucede todos los días desde que te tengo.

Me acabas de enviar otro correo donde despliegas tus emociones nuevamente y conforme avanzo en la lectura me pongo quieto, nervioso y esperando las mariposas nuevamente, las cuales salen volando cuando alcanzo el clímax de la lectura, nuevamente no se qué replicar, qué decirte, sólo puedo hablarte de mi necesidad.

De posar mi mirada dentro de la tuya
De sentir con mis manos tu espalda sólida y fuerte.
De pasar mis dedos por entre tus cabellos
De sentir en mis manos la fuerza de las tuyas.

Para al final,
suavemente,
depositar mis labios sobre los tuyos
y respirarte,